Desde La Labo conversamos con Beyoncé (fundadora de AFEMTRAS), Iris (fundadora de AFEMTRAS y secretaria general de OTRAS) y Georgina Orellano (secretaria general de AMMAR) sobre los tentáculos de la restauración patriarcal y el régimen de guerra, aquí España y allá en Argentina, y también sobre las alianzas transnacionales necesarias para combatirla. Hablamos de descontento con las instituciones, de colonialismo y putofobia; pero también de solidaridad y lucha desde abajo, sudor y abrazos que devuelven composición a la rotura en medio del huracán.  

El encuentro se convierte en una conversación vertiginosa; las tres entrevistadas toman la palabra, se hacen preguntas unas a otras, se complementan y abren constantemente nuevos caminos de reflexión. Hemos intentado presentarla en un formato más accesible, de preguntas y respuestas, pero quien conozca a las tres putas sabias, potentes y orgullosas que acudieron a este encuentro entenderá que la conversación fue, en realidad, un diálogo vivo, coral e imposible de contener, tal como sus propia lucha y vida representa. 

Esta es la primera de 2 partes

La Laboratoria: La irrupción de Javier Milei, en un contexto como el argentino, históricamente reconocido por su potente tejido de organización popular, ha sido un shock que ha sacudido no solo al país, sino también a muchos movimientos sociales a nivel global. Argentina ha sido durante décadas un referente en la construcción de redes de base, desde el movimiento de derechos humanos, hasta las organizaciones piqueteras, el sindicalismo y los feminismos populares. Esa tradición de lucha y autoorganización, que también encarna el trabajo de AMMAR junto a otros movimientos de base, hace que la llegada de un proyecto político abiertamente anti-derechos y contrario a muchas de estas conquistas no solo se lea como un cambio de gobierno, sino como una ruptura más profunda sobre los consensos sociales construidos en las últimas décadas. Desde la experiencia de AMMAR, ¿qué lectura hacéis a Milei? Y para todas, ¿qué relación ven con lo que está pasando aquí en Europa también, en un contexto de aumento de las extremas derechas, anti-feminismos, régimen racista, etcétera?

Beyon: Yo creo que los discursos de odio han avanzado mucho. O sea, han acogido a las nuevas generaciones que votan. Se ha visto en Argentina, mucha gente joven votó a Milei. Y si se contextualiza en España, la gente joven es la que ha cogido ese discurso que ha regado la ultraderecha. Esa gente también se está lanzando en las redes a esparcir esos discursos racistas, transfóbicos, anti LGTBI, anti derechos humanos, anti todo. Entonces, yo creo que es el discurso de odio el que ha llevado un poco esto a donde estamos y al futuro que vamos a tener, porque aquí en España no sabemos todavía lo que nos va a suceder. Esperemos que no nos pase una situación igual que en Argentina.

Iris: Yo lo que le achaco también en el contexto español, es precisamente el debilitamiento de lo público, sobre todo la escuela pública. ¿A manos de quién está la educación? ¿Quién tiene la hegemonía de lo pasa en las aulas? ¿Qué se enseña y qué no se enseña? A mí muchas veces me ha asombrado que haya muchas generaciones marrones que venimos del sur global, que nuestros padres vinieron hace 15, 20 o 25 años atrás; están creciendo esas  juventudes aquí de hijos de racializados, y no tienen una educación de sus raíces. De hecho, incluso he interpelado a la gente española: “¿qué sabéis de la conquista?” Y lo único que me cuentan es que Colón se fue a América y se trajo la patata. Fin de la historia. Entonces, si nuestros hijos de la gente que viene del sur global que nacen aquí, se encuentran con ese racismo institucional y una romantización del franquismo(…) España no ha cambiado, sigue siendo franquista. 80 años han dado para mucho, pero la cosa sigue atada y bien atada. De esas lluvias, estos lodos. 

Georgina: Sí, con respecto a la llegada de Milei en la Argentina, lejos de mirar la monstruosidad o el horror que tenemos enfrente, nosotras, junto a otras colectivas feministas de la diversidad y de algunos movimientos sociales, también planteamos la posibilidad de que algunas estructuras políticas y algunas jerarquías que se construyen y se sostienen dentro del activismo y de las militancias, puedan oxigenarse para que entre un poco un aire de crítica. Digo, Milei llegó al poder porque el progresismo y los proyectos peronistas dejaron de representar verdaderamente los intereses y los deseos de los sectores más postergados. 

Fueron Estado y fueron parte de las instituciones y fueron gobierno. Y más allá de que se llevaron adelante algunas políticas de inclusión o algunas políticas de género, lo cierto es que la precariedad en la que vivimos, con la falta de derechos, con la falta de políticas públicas, con un Estado que habla un lenguaje que nosotras desconocemos, que es un lenguaje punitivo sigue ahí. 

 

Y hay un feminismo, un sector del feminismo que se sintió mucho más cómodo en sentarse a hablar bajo ese lenguaje y ser parte de esa estructura de la institucionalidad. Y eso generó conflicto porque eso generó distancia. Mientras nosotras planteábamos la necesidad de tener un pensamiento crítico y de poder señalar que lo que estaban haciendo era tener una distancia con las verdaderas necesidades que teníamos, en este caso de las trabajadoras sexuales, del otro lado, no nos permitían ni siquiera dar lugar a esa crítica porque nos encerraban directamente en el debate diciendo que no se podía criticar al Ministerio de la Igualdad, por ejemplo, al Ministerio de Mujeres, porque era hacerle el juego a la derecha. Y a partir de ahí se cerraba cualquier posibilidad de autocrítica, de pensamiento crítico, de debate político. Vos, por más que estés o no conforme con las políticas que se estaban llevando adelante, tenías que salir a defender férreamente la institucionalidad. Y eso no nos queda a nosotras, porque la institucionalidad que tenemos y las formas de intervención que tiene el Estado son blancas y son colonialistas. Digo, el Estado las veces que ha intervenido en nuestras vidas nunca ha sido para mejorar nuestras condiciones de trabajo, fue todo lo contrario. Las veces que ha intervenido la intervino con un control punitivo, utilizando nuestras voces, equiparando nuestro trabajo con la trata de personas. 

Entonces, Milei ha escupido, supo hablar en un lenguaje del hartazgo en vez de defender las instituciones. Ha sido muy astuto en recoger ese enfado de los sectores populares, de hablar de la casta, de la casta política, porque existe la casta política. No podemos negar que no existe la casta política. Hablar de aniquilar el Estado, de implosionar el Estado, de quemar el Banco Central. Cuando vos te levantás todo el tiempo y prendés la tele y todo el tiempo te están hablando del valor del dólar y vos salís a trabajar y tenés que trabajar cada vez más horas cuando tenés que tener a veces dos o tres trabajos para poder sostenerte en este sistema… 

El lenguaje con el que hablan ciertas izquierdas, cierto progresismo, en el caso de Argentina, ciertos sectores del peronismo, también le están hablando a un sujeto que ya no existe en esta sociedad: el sujeto viene más descompuesto, viene con menos herramientas, viene con menos conocimiento y hay que hacernos cargo de eso. Viene más enojado, más roto, más precarizado; viene con otros deseos, con deseos de ascenso social rápido. No es trabajar 20 años para después poder irte de vacaciones. Los proyectos de ahora, de los jóvenes de hoy, es un proyecto a corto plazo de ascenso social, y que no tienen que ver con los deseos de tener una jubilación, por ejemplo, o de poder alquilarte una casa. Sino que tienen que ver con deseos más materiales, que es la materialidad de la vida, y son cómo están corridos hoy por hoy los valores. Nosotros tenemos un montón de compañeras que su deseo es tener un iPhone, por ejemplo, aunque vivan en una habitación en condiciones de hacinamiento. El deseo de los pibes jóvenes es comprarse una moto y poder mostrarla en las redes sociales y sacarse fotos. El deseo de las chicas es poder tener muchos seguidores en Tik Tok y ser influencer y que las marcas te contraten para que les vendas sus productos. Y hay una cruzada moral y puritana sobre ese deseo de esos jóvenes. Porque todo el tiempo le están queriendo imponer que los equivocados son ellos, ¿no? 

De este lado, lo que hay es una corrección política que todo el tiempo nos está señalando quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Y hoy en Argentina te señalan, “bueno, los malos son los de Milei”, pero digo ¡no! No se hacen responsables de que dentro de nuestras estructuras políticas partidarias, inclusive dentro de las jerarquías que se construyen en el feminismo, se hicieron cosas malas y no hay lugar para el pensamiento crítico. Lo que hay es esa encerrona, a través de la idea de la necesidad de unir las luchas frente al espanto. Decimos, “la lucha es una sola, porque todas somos clase trabajadora”, pero eso es no reconocer por qué está rota, ¿no? Y bueno, vayamos a unir la lucha, unir los pedazos, los jubilados, los discapacitados… porque está roto, porque se rompió su tejido social, porque se rompieron los movimientos sociales. 

Pero, ¿por qué se rompió el feminismo cuando entró la institucionalidad?

Me parece que hay que poder habitar el conflicto y no tenerle miedo, no cerrar la puerta al conflicto porque el conflicto ya está, digamos. Hay muchas compañeras y compañeros que estamos enojados, que no vamos a defender al Estado, que Milei viene y te dice “voy a implosionar al Estado”, y la verdad es que yo también quiero implosionar al Estado. Y ese era un discurso disruptivo que estaba de este lado. Entonces algo nos pasó para que de este lado esté la corrección política de defender instituciones que no le han removido la vida a las compañeras, ni  las instituciones han sido buenas con nosotras. 

No es bueno el Estado para nosotras: el Estado nos criminaliza, o nos revictimiza, o nos tutela. Nos infantiliza. Nos intervino judicialmente. Nos golpea. Nos violenta. Nos encarcela,  nos vulnera los derechos. 

También somos conscientes de que necesitamos un Estado garante de derechos. Pero no sería este, no sería este el Estado. Entonces digo, para poder reconocer que hay algunas cosas que tenemos que transformar, también hay que reconocer que en la defensa de la democracia, esta es una democracia para pocos. No entramos todos en ese proceso democrático porque en Argentina las compañeras trabajadoras sexuales seguimos siendo presas. En plena democracia la policía sigue asesinando a los jóvenes de los sectores populares y en plena democracia las compañeras están viviendo en situación de calle, en plena democracia, tienen tuberculosis y mueren sin poder llegar al hospital. Entonces, también hay que decir que no todas las personas hemos habitado un Estado de derecho, el Estado que habitamos es un Estado represor, represivo hacia nuestras vidas.

Iris: Estos son los espejos en el que nos miramos, para bien o para mal. Porque evidentemente en Argentina por ejemplo, con las trabajadoras sexuales, ya tuvieron una ley que destruyó todos los espacios donde las compañeras trabajaban. Y ¿qué les quedó a esas compañeras? La calle. Y ahí es donde están las compañeras, haciendo rutinas, haciendo su lucha, haciendo su guerra y defendiéndose precisamente de todo lo que supuso o les reventaron sus formas de vivir y su forma de trabajar. Y ahora ellas están sacando de las tripas toda herramienta posible para luchar. 

Aquí, en el contexto español fue diferente, lo que hicieron los gobiernos fue apoyar a los empresarios de la prostitución, ¿por qué? ¿Qué es lo que les molesta? La calle. Vamos a barrer. No las queremos en nuestras calles. No las queremos en nuestro espacio. No la queremos en nuestros barrios. ¿Y de qué manera lo han hecho? Pues a través de leyes mordaza y de normativas municipales. Entonces, ¿qué hacen las putas?

Las putas lo que hacen es resistencia.

¿Y qué hace el Estado precisamente con un feminismo institucional? Pues vamos a seguirlas a sus casas. Vamos a perseguir a estas mujeres donde estén alquilando para atender. Vamos a sacarlas de allí porque todas estas economías no sirven al capital de la prostitución.

Y aquí es donde vemos que en realidad el feminismo institucional le está haciendo la cama a esa gente. Porque si las mujeres que estamos en la calle somos mujeres pobres, y no se nos permite en nuestras casas, se nos quiere expulsar por nuestra forma de vivir. No se le permite a las compañeras que alquilen sitios para defenderse, para tener su espacio privado que ella puede hacer laboral; mediante la tercería locativa se les está persiguiendo y una de las herramientas para ello es: vamos a cortarles la vía, que son los anuncios. 

Entonces, ¿a dónde nos están tirando? A trabajar para terceros, ya sea en los clubes, en las whisquerías, en los puticlubs, en chalés de lujo, en los pisos. Lo que quieren es que  estemos aglutinadas trabajando para terceros. O sea, que en nombre de la lucha contra la trata, lo que están haciendo es dándoles poder a estos empresarios. Y sin ningún marco de derechos, ningún marco jurídico que ampare nuestros derechos, ya que vamos a estar trabajando para terceros pero sin reconocer trabajo sexual como trabajo, precisamente por esa moral. 

La Laboratoria: Total. Volviendo al tema del descontento con las alternativas institucionales que comentaba Georgina del contexto argentino, me recuerda un poco a lo que se ha vivido aquí de manera mucho más breve con el experimento del Ministerio de Igualdad de Podemos. ¿Cómo os sentís vosotras con esto? ¿Qué relación le veis con lo que comentáis antes sobre el hartazgo con un feminismo institucional y con unas formas de gobierno que al final no están llegando a la gente que más lo necesita?

Iris: Yo considero que ese feminismo blanco que está en las instituciones no es “ni de izquierdas ni de derechas”. Y me tengo que reír porque llegan con un discurso de izquierda para poder estar ahí, pero en el Estado repiten todo el lenguaje institucional, blanco, colonialista. Es lo que ha hecho Irene Montero y ni su propia gente la respetó, ni las propias feministas abolicionistas y le dieron duro, hasta en el carnet de identidad que les quedó. Un feminismo para mí, para enmarcarlo.

La Laboratoria: Y respecto al trabajo sexual, ¿habéis notado alguna tendencia? Entiendo que el escenario de criminalización ha estado presente siempre. Pero, ¿cómo veis el escenario actual? Porque es verdad que en Europa está creciendo la ola abolicionista.

Iris: Es normal que crezca si reciben dinero no solamente de los Estados, sino también del abolicionismo internacional que está financiado por la religión, el Evangelismo norteamericano y, al fin y al cabo, estas señoras  vienen por un lado, con ese discurso antirreligioso, anticristiano, criticando al judeocristianismo y la educación judeo cristiana, pero por el otro, tienen un marido y reciben inyecciones de cantidades ingente de dinero. 

La Laboratoria: ¿Por qué creéis que hay este encono con las putas y concretamente con el movimiento organizado, con el movimiento pro-derechos? O sea, qué relación le veis entre este gran proyecto colonial patriarcal que se institucionaliza en un momento dado, que está cada vez más presente en las distintas regiones, con ese castigo tan, tan violento y tan cruel hacia las trabajadoras sexuales?

Iris: Aparte del castigo que ya sabemos, el castigo machista por antonomasia que hay hacia a la mujer que está en la disidencia sexual, también es una cuestión de clase. 

Si  aún siendo blanca sigo estando sometida por el patriarcado y me tengo que dar duro por mi cuota de poder con mis machos, ¿por qué voy a permitir que una mujer esté luchando por su independencia económica y parada en una esquina, cuando bien puede estar lavándome la cocina, llevándome la vida de mi casa? Porque sin ella, yo no puedo llegar a romper mi techo de cristal. ¿Quién va a limpiar el culo de mis mayores? ¿Quién va a llevar a mis hijos al trabajo, a la escuela? ¿Quién le va a planchar las camisas a mi marido y va a lavarme la ropa para yo estar peleándome por mis cuotas de poder? 

Es cuestión de clase y lo volvemos a ver aquí mismo: la lucha de clases atravesada además por la cuestión migratoria.

Georgina: Para nosotras, más allá de que concordamos con lo que plantea Iris, que es una lucha de clases, también tiene que ver la lucha por la legitimidad del poder en las instituciones. En el Estado predomina la mirada punitivista sobre el trabajo sexual. Y hay muchas feministas que han hecho sus carreras políticas sosteniendo esas estructuras de la victimización, de subvenciones a ONGs asistencialistas, esas donde nosotras somos solamente pensadas desde el lugar de la victimización y nuestras voces infantilizadas; donde se sientan otras señoras para hablar por nosotras sobre nosotras y decidir sobre nuestras vidas, y plantear políticas de inclusión o políticas de reinserción laboral o políticas de rescate. Entonces, que pueda entrar dentro de esas estructuras otra mirada respecto al trabajo sexual, que hable desde la perspectiva de clase, desde la perspectiva de derechos laborales, es reconocer que esa mirada que durante años estuvo enquistada en el Estado no ha sido representativa y universal de la vida de todas las personas. Es un poco reconocer su blanquitud, reconocer sus errores: reconocer que han sostenido durante mucho tiempo una mirada que no era una mirada representativa, que no representa verdaderamente las necesidades y las urgencias, y que no estaba dispuesta a ceder ese poder. Porque ceder el poder es ceder los presupuestos, sus oficinas, las estructuras. Hay un montón de oficinas, por lo menos en Argentina, creadas para combatir la trata de personas, y dentro de esas oficinas, todas las que están al frente tienen una perspectiva punitivista de la prostitución. O sea, reconocer que le ha sido funcional la clandestinidad de las trabajadoras sexuales, que no les preocupa la lucha contra la trata, sino que están atravesadas en una lucha de clases contra las personas que se autoperciben o se definen como trabajadoras sexuales, en parte es reconocer que su política ha sido ineficiente, que su política fracasó y no están dispuesta a ceder ese poder. 

También hay una cruzada moral. No están dispuestas a reconocer que el sexo ha sido para muchas mujeres, lesbianas, travestis y trans nuestra posibilidad de salvación propia. 

Porque también es reconocer que, frente a la precariedad y frente a los trabajos precarios, la sexualidad tiene económicamente una propuesta un poco más holgada que limpiar pisos o que cuidar niños, o que trabajar en las tiendas, o que trabajar en la gastronomía. No pueden permitirse la posibilidad de que nosotras también podamos decir que los otros trabajos a los que también hemos estado expuestas y que hemos ejercido y de los que venimos, de esos otros trabajos que el sistema nos ofrece a nosotras, son trabajos de mierda. 

Iris: Ese matiz es bueno, porque a mí no me importa limpiar retretes. Si eso me permite llegar a fin de mes, llenar mi nevera, irme de vacaciones, pensar que solamente tengo que ir a una hora, hacer lo que tengo que hacer y continuar con mi vida(…) Y es por eso que el tema no está en lo que tú haces, sino que venimos de ahí porque son mal pagados. Son trabajos de mierda que no están bien pagados.

Beyon: Dejando de lado lo moral, esta gente que suele llegar al poder y estar arriba, son siempre blancas. Nuestras situaciones de vida no son para ellas nada representativas. Es decir, son blancas: No son migrantes trans. Entonces, llegaron al poder y no van a ejecutar nada al servicio de quienes sí nos tocan desde abajo. Repudian a las prostitutas porque no les interesa hacer políticas públicas que nos beneficien: “¿vinieron aquí a limpiar? ¡Que limpien!”; “¿Se vienen a prostituir? ¡Vamos a hacer una bulla!” Así terminó el Ministerio de Montero: con bulla, con políticas que al final no nos sirvieron para nada, con políticas de rescate como el Plan Camino, que no nos ha valido para nada. Yo veo ahí desdén racista, porque: 

¿Quién chucha estamos ocupando la calle? Las migrantes, o sea, ¿quiénes estamos limpiando la mierda, quién está limpiando los almacenes a Amancio Ortega? La gente migrante que viene justamente a trabajar porque somos pobres, las trans.

¿Dónde estamos las trans? ¿Qué Ley trans? ¿En qué momento de la Ley trans, por ejemplo, dice cupo laboral para para las personas trans? Estuve en una manifestación hace poco y estaba Irene Montero, rodeada de guardaespaldas, en el sector de Podemos,  yo iba al lado y se gritaba “Derechos laborales para las personas trans”. No se ha trabajado para ello. En la Ley trans tampoco se trabajó para las personas migrantes. O sea, yo veo una mirada de gente blanca que llega a las instituciones y es super racista.

Iris: Georgina, ¿tú qué opinas cuando personas, por ejemplo racializadas, que dentro de los partidos políticos llegan a los gobiernos, a las instituciones, y se declaran abolicionistas de la prostitución? Por ejemplo, aquí en el Estado español tenemos , sobre todo mujeres cis racializadas, en contra del trabajo sexual. ¿Qué opinión te merece?

Georgina: Bueno, a ver, yo creo que para entrar a que los sectores populares, que los sectores más postergados podamos tener, hacer pie o tener un lugar dentro de las instituciones y dentro del Estado, los que llegan, llegan organizados y organizadas. Y eso también es un juego que hace la blanquitud: no está dispuesto a abrazarnos a todas, sino a abrazarnos a la que más se ajuste al pensamiento de ellas y a la que más se acerque al posicionamiento político y a sus discursos. A nosotras nos ha pasado que también vemos un montón de compañeras que han entrado a trabajar en el Estado y de repente hay como una santificación de su proyecto meritocrático y su historia heroica que pudo salir de la prostitución, que pudo salir de esa explotación, que pudo salir de ese sistema de opresión(…) pero que en la calle ha sido aguerrido con nosotras, y ha tenido herramientas propias de resolver conflictos en la calle, que tienen que ver con como nosotras hablamos: con los navajazos, con los botellazos… y de repente decimos:

¿cómo te podés haber blanqueado tanto que ese sistema ni siquiera te permite que vos puedas contar verdaderamente cómo sobreviviste en la calle? 

Pero el relato que la compañera tiene que sostener para poder pertenecer a ese sistema, es un relato salvacionista que sostiene esa estructura. Es el relato de la victimización, es el relato del desprecio a tu experiencia, a tu recorrido y tu trabajo. Y lo más perverso de eso es que termina rompiendo el movimiento. Nosotras hemos visto cómo se debilita a los movimientos sociales cuando eligen a la pobre más buena, al pobre más bueno, que es el que estuvo preso, privado de su libertad, pero se “arrepiente” de robar y ahora estudia. Y ahora hizo un posgrado en la universidad y vos decís, pero, ¿y todos los otros que por ahí no han tenido la posibilidad de estudiar, que no fue su deseo hacer un posgrado, que seguramente cuando salieron privados de libertad no se pudieron politizar dentro de la cárcel, que sólo han tenido como opción volver a la calle y reincidir? O sea, no están dispuestos a reconocer que muchos de ellos reinciden porque el Estado no está acompañándolos del modo que lo tiene que acompañar. Entonces, nos levantamos porque Milei tiene un discurso de la meritocracia de lo individual, pero de este lado también se abona a ese discurso cuando te presentan historias heroicas de sufrimiento y de superación.