Esta entrevista está dividida en dos partes, esta es la primera de ellas.
Por Tatiana Romero (Laboratoria Nodo Europa-Sur)
Conocí a Shellyne hace un año más o menos, fue una de esas veces en que una amiga le pasa tu contacto a alguien que va a estar de visita en Madrid para quedar. En este caso fue Vero Gago la que nos conectó, mientras por otro lado, me invitaban a participar en un conversatorio con ella sobre luchas queer. No pude ir al conversatorio, pero sí que compartimos un ratito juntas en una fiesta de cumbia. Fue muy poquito tiempo, pero desde ese momento se me metió en la cabeza que quería poder conversar largo y tendido sobre la lucha en el Bronx, Nueva York, en donde ella, puertorriqueña de la diáspora, vive.
Lo primero que me dice es, “tú sabes que mi español es un poco flojito”, pero en realidad tiene esa forma cercana y sencilla de explicar las cosas complejas, típica de las personas que llevan mucho tiempo en la organización comunitaria y de base. Así que empiezo a preguntar por ahí, por la organización comunitaria.
Shellyne: Nueva York es una ciudad muy global, neoliberal. Por un lado, tiene Wall Street y por el otro, tiene barrios de clase trabajadora en la periferia. Ahí es en donde nosotros estamos luchando. Hacemos trabajo en dos líneas, una más internacionalista, como el trabajo que hacemos en apoyo a Palestina, el Congo, Sudán, Venezuela. En el trabajo internacionalista nos importa hacer la conexión entre ambos territorios, porque la mayoría de la gente que vive en el Bronx son migrantes y gente negra del sur; pero también se hace trabajo local, que es en donde yo me siento más cómoda. Aquí en el Bronx hay una batalla fuerte contra la gentrificación, que se está comiendo todos los barrios de esta ciudad, aunque es cierto que al Bronx por ser el distrito más pobre, la gentrificación ha demorado en llegar. El Bronx es bravo, nosotros tenemos una actitud de lucha muy fuerte contra la gentrificación, más que nada porque hemos visto lo que le pasó a otros barrios, así que toca luchar fuerte para que eso no suceda aquí.
También hemos tenido y tenemos una lucha fuerte contra la policía. Pienso en 2018. cuando nos organizamos contra la policía en los trenes, porque el alcalde quería securitizar más el transporte. Eran cazadores en los trenes, que es el medio en el que la clase trabajadora nos movemos por la ciudad.

Foto: Roy Baizan
Labo: En EEUU tienen una larga tradición de organización comunitaria (organizing) ¿Por qué es importante?
Shellyne: Tengo que empezar esta respuesta en los años sesenta y setenta. En esa época la organización comunitaria nació para darle el poder al pueblo (people power). En aquél entonces, veníamos de un fuerte movimiento por los derechos civiles, que fue evolucionando, ya durante la época de las Panteras Negras (Black Panther Party), las Boinas Cafés (Brown Berets) y los grupos de jóvenes organizados en la tradición de Malcom X, que decía que, en cualquiera de las formas de lucha que sea necesaria, vamos a coger lo que nos deben y vamos a poner el poder en el pueblo. Era una pelea contra la pobreza de nuestras comunidades, exigiendo derechos desde abajo, y no para ser parte de, como dijo al final de su vida Martin Luther King una casa en llamas, sino para tener y mantener lo que como clase trabajadora nos pertenece.
Pero se complica la cosa, porque el gobierno neoliberal se inventa las estructuras de las organizaciones sin ánimo de lucro, ONGs, estructuras dependientes del dinero de los ricos que forman parte de los gobiernos. Aunque no sean como tal parte del Estado, son la clase que maneja el Estado. Estas organizaciones entran en los barrios utilizando la idea de “poder popular”, pero en realidad lo que producen es devolverle el poder al Estado y quitárselo al pueblo. Es una “organización comunitaria” que roba la energía popular para meterla en una casa en llamas, en donde además no tendrán la potestad de accionar en sus propios términos, es decir, de decidir nosotros mismos cómo queremos vivir, sin negociarlo.
En esta ciudad lo que más vende es la idea del individualismo, aquí cada persona quiere ser un rey, un CEO o un patrón. Ese es el sueño americano: “tú puedes ser el emprendedor”. Si todo el mundo quiere ser un “jefe” no hay lazos comunitarios, ni red, ni comunidad, sino aislamiento, y si las personas no hablamos entre nosotras, cada cual sospecha del otro, se compara, movida por el afán de gastar y de consumir, sin darnos cuenta de que sí, se mueve mucha plata en NY, pero lo que ganamos, nos lo gastamos. Por ponerte un ejemplo, llega el migrante pobre, campesino, de las montañas de algún territorio de latinoamérica y consigue un trabajo rompiéndose la espalda en la construcción y le pagan unos 200 a la semana; el poder que siente es que se puede comprar unos tennis, un iphone, porque todo lo que se refiere a consumo está disponible. Pero no es que aquí haya plata, aunque la hay comparado con otros sitios, lo que hay es acceso a productos que la gente desea comprar. Entonces, como el migrante puede hacer ese intercambio de dinero por mercancía siente que está llegando a ese nivel de vida que quería llegar.
Estamos viviendo un momento muy duro ahora mismo en EEUU, abiertamente fascista.
Para organizarnos nos toca romper con la idea de “éxito”, porque aunque andemos con un poquito de plata en el bolsillo, tenemos situaciones vitales muy crueles, sin acceso a la vivienda o con vivienda muy precarizada, sin calefacción en el invierno, con las casas cayéndose a pedazos, pero sin capacidad de protestar porque entonces el arrendatario llama a la migra.

Foto: Shanaz Deen
Labo: ¿Cuál es la importancia de la memoria histórica de las luchas?
Shellyne: Es un tema muy presente, en mi consciencia y en la de las y los compañeros. Hay tanto que decir sobre esto.
Tengo la sensación de que estamos perdiendo a nuestros mayores, a nuestros referentes en los movimientos. Acaba de morir en prisión Jamil Al-Amin, conocido como H. Rap Brown, perdimos a Assata Shakur y lo más doloroso es que la gente, la gente negra, aún siendo éstos, líderes del movimiento negro, aún siendo la tradición radical negra el corazón de la lucha aquí, no conoce estos nombres. Nosotros mismos no sabemos nuestra historia, el sistema educativo nos niega poder conocer nuestra propia genealogía.
Hemos perdido a casi dos generaciones en la cárcel, por heroína, por el crack y con esas generaciones, se nos fue la memoria. La gente ya no puede saber ni quienes somos. Jamil murió en la cárcel, Assata separada de por vida de su familia, en el exilio en Cuba. Estos referentes sacrificaron un montón y que la gente no sepa quienes son, está muy fucking cabrón, porque las lecciones que nos dejaron no están en la consciencia de la gente. Conocen el nombre de Martin Luther King porque fue el Estado quien decidió ponerlo en los planes de estudio para tener un día que se celebre, y esto sucede porque no somos nosotros quienes tenemos el control de cómo se aprende nuestra Historia.
Por otro lado, la memoria de los movimientos mismos es muy fragmentaria. Lo que pasó hace cuatro años ya no se recuerda hoy, quién o cómo se hicieron las cosas en la lucha no se recuerda hoy. No hay un lugar en donde depositar todo lo que hemos hecho y a donde se puede acudir para conocer y saber cómo hicieron, qué hicieron. Por ejemplo, aquí en el Bronx en 2018, tuvimos una lucha contra los inversores que querían construir, lo que iba a generar una rezonificación del barrio y un cambio en el precio de los alquileres. Nosotros luchamos contra este proceso para parar ese cambio que quería abrir una área entera en el sur del Bronx para inversores, y logramos ganar esa lucha. Al mismo tiempo estábamos con la lucha FTP (for the people, fuck the police, fight the power, fuck the prisions, free the people) y también perdimos el centro comunitario que teníamos. Pasaron muchas cosas en ese año.
Este verano (2025), unos jóvenes que están recién formandose se animaron a luchar contra los dueños de viviendas por el costo de las rentas y nosotros nos conocemos, somos boricuas, pero nunca comparte nada de las luchas anteriores. Al preguntarles si sabían que hace seis años se luchó la misma lucha, resulta que ellos no tenían ni idea. No sabían que en el mismo barrio en el que se están organizando hay luchas que ya se han impulsado. En una reunión les contamos todo lo que hicimos, cómo lo hicimos y cuáles fueron los obstáculos. Este ejemplo solo es para mostrar cómo el mismo sistema nos imposibilita tener un espacio de resguardo de la tradición de las luchas. Una fuente, un archivo, para mirar qué se ha luchado antes y cómo se ha luchado. Si hay muchos jóvenes organizados, hay que tener a quienes se encarguen de recordar, de guardar y de archivar para compartir las enseñanzas y los aprendizajes de nuestras luchas. Si no recordamos a nuestros antepasados que lucharon por nosotros, si no tenemos la cultura de recordar, de guardar colectivamente lo que hicimos y que esto sea el centro de nuestra identidad como pueblo, nos gana el capitalismo y las formas neoliberales.
Labo: Dentro de las luchas, ¿qué papel tiene el internacionalismo?
Shellyne: Esto depende de con quien hables, pero te voy a responder en dos partes.
En la primera, déjame hacerte un pequeño esbozo de lo que sucede aquí: como ya te dije NY es una ciudad global y por eso se puede luchar en una forma que es tanto internacional, como local al mismo tiempo. Nosotros en 2021 hicimos mucho trabajo para juntar esas dos luchas, la internacional y la local y ciertamente durante un ratito esto funcionó.
Ahora mismo vemos que el tema de Palestina ha ocupado toda la lucha internacionalista y el Estado nos ha atacado de frente, porque es la misma ciudad en la que está la Organización de las Naciones Unidas, el centro financiero de Wall Street, las oficinas del capitalismo que está ahora mismo arrebatando los recursos de los territorios del sur global, eso le da una visibilidad a esta ciudad muy alta. Nosotros lo sabemos y tratamos de explotarlo. Al mismo tiempo, si pensamos que son esas compañías las responsables de que todas esas personas que están siendo expoliadas tengan que salir de sus territorios y llegar justamente aquí a NY para vender barato su fuerza de trabajo, entonces la oportunidad es unir la lucha.
Por ejemplo, de los campesinos dominicanos que están luchando contra las mineras y en defensa del río Ozama, estos campesinos no pueden llegar aquí, pero sus primos, tíos, amigos, que sí migraron y pueblan las calles del Bronx, del Washington Heights, sí pueden extender su mano para darle dos o tres bofetadas a los cabrones que les están arrebatando el río Ozama. Nosotras vemos la diáspora de nuestros países como una extensión de poder para las luchas que suceden en otros territorios. Esta particularidad abre otros paradigmas para pensar el internacionalismo como una acción directa.
En 2021, nosotros llegamos al MoMA (los ricos siempre ponen su plata en los museos buscando respeto y legitimidad), para señalar claramente que en la Junta de ese museo hay cabrones que están gestionando la minería en África, en Dominicana y que dan dinero al Estado de Israel; ahí hay tres comunidades diferentes que se pueden mover juntas para denunciar el expolio. En esa Junta hay una pareja que donó dinero al museo para educación, crearon The Paula and James Crown Creativity Lab, ese señor, James Crown es el dueño de General Dynamics, una compañía de armas que vende bombas a Israel, a Arabia Saudi y ha vendido tanques militares al ejército colombiano durante el gobierno de Uribe. Esta empresa ganó el contrato con el gobierno de EEUU para renovar todo su sistema de vigilancia del States Southern Command, que son responsables del control del Caribe y Latinoamérica. Entonces, luchar contra esta empresa es algo que podemos hacer todos juntos, los palestinos, los centroamericanos, colombianos y cualquier país que quiera luchar contra la militarización de sus territorios y que habitamos esta ciudad. Sabíamos que los colombianos que viven en Jackson Heights en Queens se iban a sumar a la lucha; y el barrio de Washington Heights en el Alto Manhattan, porque ahí están los dominicanos; también el barrio de Bay Ridge en Brooklyn, donde viven los palestinos; porque aquí la gente migra y vive donde está su gente -aunque la gentrificación se está cargando esto- hay barrios enteros que son la mayoría personas del mismo territorio, así es como se ha organizado aquí la migración y esto ayuda mucho a traer a la lucha local, la lucha global. Así se forma un tejido internacionalista que nos permite a la diáspora que vivimos dentro del imperio, pegarle dos o tres golpes al poder.
La segunda parte a esta respuesta se relaciona con la tradición radical negra: hubo un tiempo en EEUU en que la gente negra seguía los pasos de Malcom X y no de Martin Luther King. Querían, a través del nacionalismo negro, formar una nación que formaba parte de una familia global; es decir que los negros de aquí se entendían a sí mismos como hermanos de los negros de África, del Caribe, de Brasil y surgió gracias al planteamiento de Malcom X: “nosotros no somos una minoria doméstica, sino una mayoría global”. Durante muchos años se pensó así, sobre todo con las Panteras Negras, pero cuando se metieron las ONGs en el pueblo, que fueron claramente una infiltración estatal para cambiar la ideología de cómo es que se lucha; la Nación Negra y el Poder Negro se convirtió en capitalismo negro. Ese cambio rompió con la idea de ser internacional, para volverse una identidad americanizada, asimilada. Eso se refleja mucho en el Black Lives Matter, porque tenemos que mirar que, cuando la consciencia negra estaba super fuerte, pensando en Mandela y la lucha en Sudáfrica en los 90, en cómo la gente negra miraba hacia allá y salía a las calles gritando “power to the people” “peace to the Middle East”, había una mirada internacionalista que no era solo hacia nosotros, pero mirándonos a nosotros a través de las otras luchas. Esto cambió, claramente la presidencia de Obama generó también una energía neoliberal, imperialista, de la excepcionalidad americana. Esta idea de que lo que sucede en EEUU es el centro del mundo y por extensión la experiencia negra americana también es el centro del mundo; esto se sale de control en el momento en el que si bien es cierto que se estaba dando una lucha aquí en el Black Lives Matter, las voces que más sonaban eran las voces burguesas y las heridas más grandes del racismo, eran las heridas americanas. Esta mirada se externaliza y el imperio negro americano comenzó a definir la negritud fuera de sus fronteras y nada más importaba. Obama estaba bombardeando Somalia, Obama puso precio a la cabeza de Assata (2 millones de dólares) y la llamó terrorista; pero no se habló de esto, porque la experiencia negra del centro del imperio era lo más importante.
Palestina cambió todo esto y estamos viendo cómo regresamos a un entendimiento de la negritud de forma internacionalista. El rol que Sudáfrica tomó para impugnar al Estado de Israel por sus crímenes; la lucha en Burkina Faso y el movimiento decolonial en el Sahel. La lucha por Palestina ha penetrado tanto en la consciencia, que la gente por fin está mirando hacia afuera, al Congo, a Sudán. Aunque yo tengo mis críticas, porque hay una especie de whataboutism, que es esta forma de desviar la atención, por ejemplo con preguntas del tipo: “-están hablando de Palestina pero qué pasa con los negros en el Congo-”, que es una postura muy americanizada y liberal, porque no construye lazos, sino que niega las realidades, buscando otra vez concentrar la herida en ellos mismos.
Pero sí creo que estamos viviendo un movimiento de resurgimiento del internacionalismo y los jóvenes que están en las calles, lo hacen también desde ahí, desde el antiimperialismo, el internacionalismo, y ha sido Palestina quien ha puesto esta consciencia en las luchas.

Foto: Within Our Lifetime